¿Qué significa cuidar nuestra salud?
Por Patricia Moreno · Cuidado de la salud
Cuidar nuestra salud comienza por reconocer nuestras necesidades, las circunstancias en las que vivimos y los apoyos con los que contamos.
Cuando alguien nos pregunta cómo estamos de salud, solemos pensar en un dolor, una enfermedad o el resultado de un estudio médico. Sin embargo, esa respuesta puede dejar fuera aspectos importantes: cómo nos sentimos, qué actividades podemos realizar y qué dificultades encontramos en nuestra vida cotidiana.
En El camino a la longevidad propongo una mirada que considera distintas dimensiones de la persona. Para iniciar este espacio, quiero detenerme en una pregunta que da sentido a las demás: ¿Qué significa cuidar nuestra salud?
La salud comprende distintas dimensiones
La Organización Mundial de la Salud define la salud considerando el bienestar físico, mental y social, y señala que no se limita a la ausencia de enfermedades. Esta perspectiva amplía nuestra atención más allá de los síntomas o los resultados de una consulta.
Podemos acercarnos a esas dimensiones mediante preguntas sencillas:
- En lo físico: ¿qué necesidades de mi cuerpo requieren atención?
- En lo mental: ¿cómo me siento y qué preocupaciones necesito expresar?
- En lo social: ¿con qué relaciones y apoyos cuento?
Estas preguntas no permiten diagnosticar una enfermedad ni medir nuestro estado de salud. Su propósito es ayudarnos a reconocer necesidades que podrían estar pasando inadvertidas.
Quizá hemos postergado una consulta, necesitamos conversar sobre una preocupación o queremos encontrar una manera de participar en actividades que valoramos. Identificarlo puede ser el comienzo de una conversación sobre nuestro cuidado.
Nuestras circunstancias también importan
Las posibilidades de cuidarnos son diferentes para cada persona. La vivienda, las condiciones de trabajo, los ingresos y el acceso a servicios influyen en la salud y en las oportunidades de atenderla.
Por eso, una recomendación necesita considerar la realidad de quien la recibe. Antes de sugerir un cambio, vale la pena preguntar: ¿dispone de tiempo?, ¿puede acceder al servicio que necesita?, ¿tiene responsabilidades que dificultan atenderse?, ¿requiere acompañamiento?
Imaginemos a una persona que desea acudir a una consulta, pero necesita que alguien la releve en el cuidado de un familiar. En ese caso, organizar el apoyo forma parte de hacer posible la atención.
Reconocer estas circunstancias permite hablar del cuidado con respeto, sin atribuir todas las dificultades a la falta de voluntad.
El cuidado se adapta a lo largo de la vida
Con el paso del tiempo, nuestras necesidades pueden cambiar. También pueden hacerlo nuestras prioridades y los apoyos que requerimos.
Esto no ocurre de la misma manera en todas las personas. La OMS destaca que los cambios asociados al envejecimiento no son uniformes y que la edad, por sí sola, no describe las capacidades ni la situación de salud de alguien.
En lugar de establecer comparaciones rígidas, podemos preguntarnos:
¿Qué es importante para esta persona y qué necesita para seguir participando en su vida cotidiana?
La OMS relaciona el envejecimiento saludable con el desarrollo y mantenimiento de la capacidad funcional: aquello que permite a las personas ser y hacer lo que consideran valioso.
Para alguien puede ser importante seguir preparando sus alimentos; para otra persona, visitar a sus amistades, aprender o participar en decisiones familiares. Escuchar esas preferencias ayuda a comprender qué significa el bienestar en su propia vida.
Los valores y el sentido personal tienen un lugar
En mi libro incorporo una perspectiva espiritual como parte de la reflexión sobre el bienestar. Este enfoque se relaciona con las creencias, los valores y la búsqueda de significado; es una perspectiva de la obra, distinta de la definición oficial de salud de la OMS.
Para algunas personas, estas reflexiones están vinculadas con una religión. Otras las encuentran en sus relaciones, sus proyectos o sus convicciones personales. También hay quienes prefieren no abordar su cuidado desde la espiritualidad.
Mi propuesta es respetar esas diferencias. Explorar lo que da sentido a nuestra vida no implica que una creencia garantice salud ni sustituya la atención profesional.
Una pregunta posible es: ¿qué quiero seguir cultivando en mi vida y qué lugar le estoy dando?
Participar en el cuidado también significa recibir apoyo
El autocuidado incluye acciones para atender nuestra salud y puede realizarse con acompañamiento. La OMS lo sitúa en relación con los servicios de salud, que siguen siendo necesarios cuando la situación lo requiere.
Podemos participar preparando nuestras preguntas para una consulta, expresando una dificultad o buscando información confiable. También podemos reconocer que necesitamos ayuda para comprender una indicación o acceder a un servicio.
No es necesario resolver todas las necesidades al mismo tiempo. Propongo comenzar por identificar una que merezca atención y pensar qué haría posible atenderla.
Una pausa para reconocer tus necesidades
Dedica unos minutos a completar estas frases:
En este momento, quiero prestar más atención a…
Lo que dificulta atender esa necesidad es…
El apoyo o la información que necesito buscar es…
Mi siguiente paso será…
Por ejemplo: «Quiero retomar una consulta que he pospuesto. Necesito organizar mis horarios y conseguir acompañamiento. Mi siguiente paso será preguntar por las citas disponibles».
Este ejercicio no es una evaluación clínica. Es una herramienta de reflexión para convertir una inquietud general en una acción concreta.
Cuidar nuestra salud implica conocer mejor nuestras necesidades y considerar las condiciones en las que podemos atenderlas. En este espacio iremos profundizando en distintos temas, comenzando por escuchar lo que cada persona necesita y valora.
¿Qué aspecto de tu salud merece hoy un espacio en tu atención?
Para continuar la lectura
En El camino a la longevidad. Guía práctica para un envejecimiento saludable desarrollo una perspectiva que reúne aspectos biológicos, psicológicos, sociales y espirituales del cuidado.
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Este artículo ofrece información general y no sustituye una valoración ni recomendaciones individualizadas de un profesional de salud.